* El país no puede ofrecer ni bastante pobreza ni suficientes recursos intelectuales. Digámoslo sin ambages: carecemos de la indispensable masa crítica de materia gris.

Opinión:
Materia Gris

Fernando Villegas


Aunque el país ni siquiera comienza a poner orden en el descalabro institucional, social y moral causado por nuestro asalto a la bayoneta a la primera etapa de la "modernidad", aun así dentro y fuera del gobierno hay quienes ambicionan un nuevo brinco, esta vez hacia la economía virtual. Me refiero a glamorosos consejeros@com que pretenden hacer de Chile un centro de servicios tecnológicos. Por esa razón Lagos se esmeró en visitar Silicon Valley. "Visitarlo" quizás sea un verbo engañoso; en la práctica los CEÓs de Oracle, Microsoft y Cisco se dignaron recibirlo unos minutos. Se pregunta uno qué habrá pasado por las cabezas de esos millonarios, energúmenos sin otro interés que el dinero y los yates, mientras oían el discurso optimista de ese curioso jefe de gobierno de un país remoto y pobre.

Pero mientras tanto, la idea que está pasando por las cabezas de algunos observadores de la casa es que la ambición de Lagos y Cía. llega muy tarde. Les parece que ya perdimos el bus; para aspirar a tan grandiosa meta debimos haber transformado la educación básica, secundaria y universitaria hace unos 15 o cuando menos 10 años atrás. No se puede pasar de primero básico a un curso de doctorado sólo mediante el empuje retórico y la gloria mediática de giras presidenciales. La ambición y la fanfarronada no bastan: Chile simplemente no cumple las condiciones para dar este nuevo salto y por eso nadie, más allá de nuestras fronteras, va a venir a ayudarnos a darlo. Vendrían si fuéramos tan baratos como Bangladesh, pero ya no lo somos; tampoco tenemos tanta población capacitada como para compensar ese defecto; en breve, el país no puede ofrecer ni bastante pobreza ni suficientes recursos intelectuales. Digámoslo sin ambages: carecemos de la indispensable masa crítica de materia gris. Es cierto que creemos lo contrario; siempre nos hemos jactado de nuestra supuesta "picardía criolla" y en una reciente encuesta más del 60 % de los consultados se estimaba de inteligencia superior a la media. Vana ilusión: Chile ocupó el último lugar en una investigación en 21 países respecto a las capacidades de comprensión de lectura y peor todavía, entre sus egresados de "estudios superiores" sólo el 7 % logró puntajes altos comparables a los que obtiene el 33 % o más de TODA la gente encuestada de un país desarrollado. Cualquier observador objetivo puede corroborar lo mismo en terreno: en la administración pública y la empresa privada sobran no sólo las mediocridades, sino también abunda gente francamente retardada, que no entiende lo que se les dice, se les pide o se les exige. La viveza de la que nos regocijamos tiene menos que ver con capacidades para el trabajo que con destrezas para evadirlo.

Amén de insuficiente talento por un simple problema de cantidad, la calidad del poco que hay es muy relativa; nuestra organización cultural fomenta una idiosincrasia ajena al espíritu de esfuerzo y disciplina necesario para explotarlo adecuadamente. Tan sólo véase qué hacen con sus vidas nuestros conciudadanos: los agricultores se limitan a explotar a campesinos alcoholizados y ocasionalmente cruzan tractores en la carretera para mantener sus privilegios de precios y créditos; la mayoría de los miembros de la "clase empresarial" se encierra en una cautela paranoica y no da otras muestras de imaginación que ir a los rodeos disfrazados de huasos; los trabajadores son, por lo general, perezosos, desprolijos y aficionados a meter las manos donde y cuando pueden; los "expertos en informática" estaban, hace 10 años, a cargo de hacer las compras de suministros de oficina en la Casa Royal; los funcionarios públicos son letárgicos y no aspiran sino a seguir atornillados mamando recursos fiscales; el 90 % del estudiantado universitario despilfarra sus vidas en carreras de tercer o cuarto rango, sin exigencias académicas; el alumnado de colegio ha perdido a tal punto las capacidades cognitivas que literalmente sustituyó el discurso oral y escrito por una comunicación a base de gruñidos guturales y signos ininteligibles; los especialistas en "nuevas pedagogías no hacen otra cosa que restar exigencias, por una parte, y agregar imbecilidades, por la otra; el profesor común y corriente apenas es más articulado que sus alumnos y su horizonte se limita a incesantes luchas gremiales y paros recurrentes; los "investigadores", salvo excepciones, invierten su tiempo repitiendo por enésima vez experimentos añejos o en grescas de facultad y departamento; los altos servidores del Estado naufragan en la abulia, la impotencia o en la corrupción, y de nuestros políticos mejor ni hablemos. Finalmente, la Iglesia obstaculiza de mil modos los tímidos intentos de reparar daños ancestrales en la formación sexual de un país repleto de neuróticos, violadores, padres castigadores y madres solteras.

Ahora dígame con quiénes, Excelencia, pretende usted saltar al tercer milenio.

(Fuente: Qué Pasa, 03 de diciembre 2000)