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Modalidades de altura Para hablar de exposición a la altura (el ser humano sufre alteraciones a partir de los 3.000 metros), es necesario tomar en cuenta tres modalidades: o Aguda (EA): propia de escaladores, transportistas, consultores y esquiadores. o Permanente (EP): de aquellas comunidades humanas que llevan varios años en altura. Se distinguen dos grupos: los nativos y los residentes permanentes (nacidos a nivel del mar que se establecieron en altitud). o Intermitente (EI): ciclos de entre cuatro y 20 días de estada en altura, intercalados por un reposo a nivel del mar que fluctúa entre los tres y los 15 días. Este modelo, que es propio de la minería chilena y de otras actividades de servicios, se repite por meses y/o por años. |
Vida en el trabajo:
Estudios científicos acerca del trabajo en altura han transformado la vida de los mineros, quienes permanecen siete días en los yacimientos y descansan una semana a nivel del mar. Además, se les recomiendan dietas alimenticias y acondicionamiento físico.
De la pala y picota del minero de principios de siglo ya no queda prácticamente nada, excepto los relatos de Baldomero Lillo. Por las páginas de sus obras Subterra y Subsole desfilaron hombres aniquilados por la servidumbre, sometidos a la monotonía y a una serie de peligros fatales con un único propósito: llevar dinero al hogar. Inválidos, huérfanos y viudas eran parte de los cuentos de este escritor, cuyo padre se había desempeñado como jefe de cuadrilla en Lota.
Atrás quedaron también los antiguos campamentos anclados en la altura. Hoy en día, sería imposible para la Gran Minería chilena pensar en uno como Sewell: una verdadera ciudad construida con capitales norteamericanos al interior de Rancagua y que contaba con grandes almacenes, tiendas, cine, escuelas, sastrerías, peluquerías, comisaría y correos. Casi tan difícil de imaginar como era en ese entonces pensar en mineros participando en un triatlón o sometiéndose a rigurosas dietas alimenticias y acondicionamiento físico.
Los métodos de producción no son los mismos. Ha cambiado la exigencia de las faenas gracias a la tecnología y la naturaleza del entorno laboral. Cambiaron, también, las condiciones de acceso a las minas y los niveles de exposición a la altura. Y según los dueños de las empresas de la Gran Minería, se han modificado las preferencias de los obreros, quienes optan por vivir en zonas urbanas a nivel del mar, donde eligen los mejores colegios para sus hijos y donde sus esposas disponen de una mayor oferta de servicios.
Esta tendencia ha ido alterando el modelo laboral preexistente y captando la atención de los científicos. Hoy se opera con el sistema de turnos intermitentes o "modelo chileno", que implica la exposición a la altura por un período breve de tiempo y la permanencia a nivel del mar durante otro.
Si bien es cierto que en la década de los '80 algunos médicos ya se interesaban en la exposición de los mineros a la altura, la conformación de grupos científicos preocupados por el tema es bastante reciente. Es el caso del doctor Daniel Jiménez, quien desde 1993 encabeza el High Altitude Study, un estudio encargado por la compañía minera Doña Inés de Collahuasi, tendiente a seleccionar el personal capacitado para trabajar a una altura de 4.000 metros. A éste se sumó la labor que venía realizando el Centro de Investigación en Medicina de Altura de la Mutual de Seguridad de Iquique, dirigido por el neumólogo Manuel Vargas. La inquietud de ambos radicaba en la observación de las variaciones fiosiológicas experimentadas tanto a nivel respiratorio, hormonal y cardiovascular de los mineros expuestos a presiones disminuidas de oxígeno (hipoxia hipobárica). La idea era medir su incidencia en los parámetros de aclimatación, calidad de sueño, rendimiento cognitivo, aspectos nutricionales y tolerancia a sistemas de turnos de los trabajadores de las minas.
Del estudio de Jiménez y Vargas, surgieron preguntas y, en consecuencia, la necesidad de contactar a expertos en temas afines. Para ello, trabajaron en conjunto con científicos extranjeros, como Carlos Monge y Fabiola León Velarde, de la Universidad Cayetano Heredia de Perú
-cuyos conocimientos se centraban en la estadía permanente en altura-, y Jean Paul Richalet, de la Universidad París 13, creador de un test de hipoxia que permite predecir la respuesta aguda a la altura.
Uno de los logros importantes del equipo fue la definición de un sistema de turnos de siete días de trabajo por siete de descanso, un equilibrio entre la aclimatación a la altura de los mineros y la integración sicosocial de éstos a la familia. Este modelo los haría cumplir con una jornada laboral de 42 horas semanales, seis menos que las convencionales.
"No se puede afirmar si esto es positivo o negativo. Se supone que el modelo de 20 por 10 es el mejor desde un punto de vista de adaptación fisiológica, pero desde el punto de vista emocional, el de siete por siete está bien. Ya fue comprobado que después de cierto tiempo de exposición -entre cuatro y seis meses- se logra una aclimatación adecuada", señala León Velarde.
Con respecto a una modalidad de turno más prolongada, algunos expertos advierten acerca de la posibilidad de contraer el mal crónico de montaña o enfermedad de Monge, caracterizado por una alta variabilidad del hematocrito (porcentaje de células en la sangre).
Pero las investigaciones no concluyeron ahí. Iniciadas las faenas de extracción en Collahuasi (mina ubicada a tres horas de Iquique hacia la cordillera) en 1998, era necesario observar el comportamiento de los mineros en la altura, ya que la prueba de selección inicial no aseguraba la tolerancia futura de los obreros a las condiciones hipóxicas. Durante dos años, el equipo médico estuvo trabajando en la definición de las variables fisiológicas de aclimatación (hemoglobina aumentada, la saturación de oxígeno en reposo y durante el sueño, la presión de la arteria pulmonar y la frecuencia cardíaca máxima). El objetivo era establecer la respuesta habitual y definir un perfil característico de la adaptación de los trabajadores a la altura y así proteger su bienestar y salud.
Quien no cumpliera con el perfil debería descender a nivel del mar, con el fin de evitar la formación de un edema pulmonar y/o cerebral. En un panorama un poco más auspicioso, sólo se vería enfrentado a una mala calidad del sueño y a pronunciadas desaturaciones de oxígeno. El remedio para ello sería la aplicación de O2 durante el sueño o la administración de un fármaco denominado acetazolamida, un diurético que evita la acumulación de líquido y, por ende, la formación de edemas.
Según el presidente de Collahuasi, Diego Hernández, "del total de personas que se contratan, un 95 % está en buenas condiciones para trabajar en altura; un 3 % presenta problemas de salud como hipertensión, presión alta y diabetes, y un 2 % es aceptado, pero luego de subir a la mina se siente mal y debe descender".
Hernández dice que lo ideal es que aquellos que no logran una adecuada aclimatación dejen de trabajar. Para el presidente del sindicato, Javier Cortés, eso no es posible, dadas las responsabilidades familiares del obrero (el que recién ingresa gana alrededor de $ 450 mil y el sueldo de los que realizan labores más complejas asciende a $ 1.200.000). "Está claro que hay quienes no pueden cambiarse de trabajo. Esa situación se está mitigando a través de la instalación de oxígeno en las habitaciones, por ejemplo. Al simular una altura de 2.800 metros, los obreros logran una mejor calidad de sueño".
Es normal que los mineros que suben después de sus respectivos días de descanso, sufran los embates de la altura durante las primeras horas de permanencia (dolor de cabeza, náuseas y cansancio), pero superadas las 24 horas, el cuerpo entra en completo funcionamiento con el entorno. Los especialistas recomiendan realizar el ascenso con al menos ocho horas de anticipación.
Las actuales operaciones mineras sobre los 3.000 metros demuestran que es posible desarrollar actividades físicas, mentales y sociales. Es por eso que Collahuasi dispone de canchas de baby fútbol, bibliotecas y salas con televisores y video, entre otros servicios. Según el asesor del programa de reacondicionamiento físico, Jorge Osorio, la realización de un deporte es sumamente importante para la población minera y no existen contraindicaciones debido a la altitud. Además, "la prevalencia de la obesidad entre los mineros alcanza a un 60 %, debido a que la mecanización de las labores desemboca en la inmovilidad del obrero. A ello hay que sumar sus malos hábitos alimenticios, ya que pese a recomendárseles una alimentación sana (pobre en carbohidratos), ellos prefieren las carnes rojas, las grasas y los azúcares". Según Osorio, el mal estado físico tiene relación con menores niveles de salud y rendimiento.
Sin embargo, existen excepciones. Durante el fin de semana pasado, dos mineros de Collahuasi participaron de la triatlón más alta del mundo -la Inkaman-, desarrollada en las cercanías del Lago Titicaca, a una altura que sobrepasa los 3.800 metros. A pesar de que ninguno clasificó, fue meritorio que los deportistas se midieran en iguales condiciones con atletas de marca internacional.
(Fuente: Qué Pasa, 05 de noviembre 2000)