Astronáutica:
- La posibilidad que nuestro país pueda enviar su primer astronauta al espacio se está convirtiendo en un hecho real y es un piloto de la FACH, "osornino de corazón", la principal carta para ocupar en el año 2002 ese privilegiado lugar.
- "Creo que si lográsemos enviar un astronauta, prácticamente ello se transformaría en un icono del desarrollo de la ciencia y la tecnología en todo Chile", afirmó el embajador Luis Winter.
- Los silenciosos esfuerzos que hacen varias instituciones nacionales para lograr abrirse paso en este fascinante mundo se conocerán la próxima semana cuando, en un seminario en el edificio Diego Portales, se anuncie el proyecto para crear la Agencia Chilena del Espacio.
Por Mauricio Bertero H. Especial para La Segunda
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os dados están echados para que Chile deje de ser un actor pasivo en la conquista del cosmos y junto con el nuevo siglo ingrese al selecto club de los viajes espaciales. El fin de la Guerra Fría y el inusitado cambio tecnológico están brindando insospechadas posibilidades para que un chileno tenga la oportunidad de ser considerado por las agencias del mundo desarrollado. La distensión llegó a la astronáutica y hoy es normal encontrar a rusos y norteamericanos realizando experimentos conjuntos y viajes compartidos. También, abrió el camino para que tripulantes de otras nacionalidades viajen en el transbordador espacial. En una palabra, la rivalidad ha devenido en cooperación.El primer paso concreto en esta senda será la constitución de la Agencia Chilena del Espacio, que se presentará al Presidente Ricardo Lagos en un seminario que tendrá lugar el lunes 27 de noviembre en el edificio Diego Portales.
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Perfil del postulante chileno |
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En esta fotografía exclusiva, el comandante Klaus von Storch, postulante a convertirse en el primer astronauta chileno. El comandante de la FACH Klaus von Storch - casado, dos hijos: uno de dos años y otro de sólo dos meses -, es el hombre que viene preparándose desde hace varios años para representar al país en un viaje espacial y así convertirse en el primer astronauta nacional. Si bien es cierto integra una lista de postulantes a este honor, su perfil y trayectoria son los que más calzan con lo que hoy exige la NASA: piloto y científico. Pese a que nació en Santiago el 20 de febrero de 1962, se siente un "osornino de corazón", pues a los cuatro años de edad su familia se trasladó a esa ciudad, donde hizo sus estudios básicos y secundarios en el Colegio Alemán. Posteriormente, ingresó a la Escuela de Aviación, de la que egresó como piloto de guerra. Y algunos datos como para reflexionar sobre las coincidencias: el mismo día y año en que nació este chileno, viajaba al espacio John Glenn, el primer astronauta norteamericano. Cuando cumplió 24 años de edad, se lanzó la estación MIR. El día en que despegaba el satélite chileno Fasat Bravo, tuvo un accidente del cual salvó casi por milagro. Storch, de casi 1,90 m de estatura, encaja muy bien en el biotipo del astronauta al que estamos acostumbrados y sus antepasados alemanes se denotan en su contextura, pelo rubio y ojos azules. Cuenta que su padre fue quien lo estimuló desde pequeño por el mundo de la aviación y que tenía una gran colección de aparatos a escala, la que comenzó a complementar con el hobbie de juntar insignias y adhesivos de las misiones espaciales que conseguía a través de unos parientes que vivían en Estados Unidos. Pero, aparte de estas características externas, lo verdaderamente importante está en su formación, pues tras cumplir destinaciones en Iquique, Punta Arenas, y Antofagasta, y viajar a Sudáfrica para aprender a pilotar los Mirage, fue seleccionado para ingresar a la selecta Universidad de Southern - California -, donde obtuvo el título de ingeniero aerospacial. En ese país, se vinculó muy estrechamente a la NASA, donde tiene muchos amigos y se desenvuelve en un ambiente casi familiar. Especial aprecio tiene por el primer astronauta latino que viajó al espacio: Franklin Chang Díaz, de quien se considera cercano. Sobre el trabajo que allí se realiza señala con sencillez que "es muy entretenido, porque la preparación incluye actividades como manejar los sistemas del transbordador, probar las salidas de emergencia y sumergirse en una piscina para simular las condiciones del espacio". Este piloto e ingeniero viene capacitándose desde hace varios años, tanto en la parte científica como en la instrucción con aviones de alta performance. El propósito: acostumbrarse a las condiciones que debe enfrentar un astronauta. Es una preparación integral, porque junto con la parte fisiológica y el profundo conocimiento de los aspectos técnicos de un vuelo espacial, los tripulantes deben poseer sólidos conocimientos científicos, puesto que deberán aplicar los experimentos en el mayor laboratorio de la humanidad: el transbordador. Informa que como piloto posee más de dos mil horas de vuelo, el doble de lo que exige la NASA a los postulantes. Proyectos en el espacio De concretarse su sueño - y seguramente el de muchos chilenos -, junto al equipo científico de Astro-Chile pondrá en práctica dos proyectos que viene gestionando en su condición de vicepresidente de la entidad. El primero es uno de telemedicina, que ha despertado gran interés de la NASA. Lo dirige el doctor Cárdenas y consiste en estudiar los trastornos del sueño que sufren los astronautas en microgravedad, quienes al "amanecer" manifiestan dolores de cabeza, mareos, inhibición del apetito y otros síntomas desagradables. Se intentará buscar una solución a este problema, a través de sensores que registrarán sus movimientos oculares en las diferentes etapas del sueño durante el vuelo. Estos datos serán teletransmitidos mientras circunde el planeta para compararlos con la información que ya ha sido medida aquí en la Tierra. El comandante Storch trabaja en el proyecto desde el año 1993. Afirma que está muy avanzado y cuenta con el respaldo de universidades y laboratorios extranjeros. Se estima que el experimento, junto a nuestro primer astronauta, podría ser puesto en órbita el año 2002, fecha en la que ya estaría operativa la Estación Espacial Internacional. El otro, puede significar un gran beneficio para los santiaguinos. Se trata de un rayo láser que viajaría en el transbordador espacial para medir a su paso por la región metropolitana, la composición y el comportamiento de la capa de smog que se estaciona en la cuenca entre marzo y agosto. Los datos serán llevados a un programa computacional, con el fin de proponer medidas científicas que sirvan para combatir la crónica polución de la capital. El modelo debería generar alternativas técnicas a este grave problema, desde la regulación de los flujos vehiculares hasta eliminar algún cerro circundante a la capital para permitir la ventilación. |
Un anticipo surgió la semana pasada, durante un taller sobre uso de la tecnología espacial en la gestión de desastres, que congregó a representantes de catorce agencias internacionales y veinticinco países, en la Universidad de La Serena. Aunque el objetivo del encuentro fue desarrollar proyectos para probar tecnología satelital en la prevención de catástrofes, la presencia de variados actores vinculados con la astronáutica determinaron que trascendieran - inevitablemente - algunos aspectos de los preparativos chilenos para embarcarse en la aventura del cosmos.
¿Cómo será la agencia?
El subsecretario de Aviación, Nelson Haddad, fue el primero en abrir los fuegos al declarar que "desde hace 20 años se está discutiendo la necesidad de crear una Agencia Chilena del Espacio y creemos que las condiciones ya están maduras para ello". Adelantó que con este objetivo se ha convocado a una jornada de reflexión para el próximo lunes. A esta reunión están invitados los directores de las agencias espaciales de América Latina. Vienen expertos de Brasil, Argentina y Perú, que ya tienen una agencia nacional, además de la Agencia Espacial Europea, la NASA, la Federación Rusa, Francia y Naciones Unidas.
Según Haddad, la idea es crear una entidad modesta que vaya creciendo en la medida que se necesite. Calcula que el país gasta anualmente unos 500 millones de dólares en insumos satelitales y productos espaciales, por lo que la suma de actividades realizadas por el sector privado - en especial en telecomunicaciones -, más las universidades y el Estado puede redundar en una economía de escala. Aseguró que la iniciativa ya cuenta con el apoyo de la Confederación de la Producción y el Comercio.
Finalmente, precisó que "la agencia debe tener un carácter civil" y su importancia radica, además, en el hecho que "por ejemplo, uno de los obstáculos que hemos encontrado al postular a un tripulante chileno para que viaje en un transbordador de la NASA, ha sido el no contar con una entidad que le dé piso institucional a este astronauta".
La verdad es que esta iniciativa se baraja desde el tiempo en que el actual senador institucional Ramón Vega era Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea. El general (R) Vega reiteró durante la semana su apoyo a esta nueva entidad y será uno de los expositores en esa reunión.
La opinión de los que saben
Especialistas chilenos y extranjeros consultados por La Segunda coincidieron en señalar, por diferentes razones, que el país requiere tener hoy día un órgano capaz de ejercer la interlocución con la comunidad internacional.
El italiano Maurizio Fea, alto ejecutivo de la Agencia Espacial Europea, opinó que "realmente es una decisión positiva. Armar una agencia es encontrar un punto focal respecto de este tipo de actividades y al mismo tiempo obtener una entidad que sea la contraparte de las agencias internacionales". Recomienda, eso sí, acotar bien el tema. Por ejemplo, dice que para Chile no tiene sentido participar en el desarrollo de lanzadores o cohetes, pero en materia de experimentos científicos ve un gran potencial. De paso, sugiere que se vincule este tema con el de la astronomía.
Para el experto en aplicaciones espaciales de las Naciones Unidas, Sergio Camacho, Chile - de menos a más - ha sido activo en materia espacial. Pero, coincide en que ha llegado el momento de pensar en un tipo de estructura para relacionarse con otros de una manera más fluida, flexible y rápida. En México, comentó, no tienen agencia y los esfuerzos han sido dispersos.
El director de la FIDAE, coronel (A) Juan Squella, va más allá al dar la señal que "Chile ya se encuentra en el umbral de dar un gran paso en cuanto a tecnología espacial, y ahora requiere dejar de ser simple usuario para transformarse en productor de su equipamiento. Debemos diseñar equipos y aunar esfuerzos mediante una agencia espacial para poder definir - por ejemplo- el tipo de satélite que el país necesita y construirlo de acuerdo a nuestros requerimientos. Pero hay que dar ese salto".
Por último, el embajador Luis Winter, director de Política Especial de la Cancillería, confirmó que se está preparando al primer astronauta chileno. "Estamos en estos momentos en una carrera real y es probable que Chile pueda optar a lanzar un hombre al espacio. Y tal vez ello se produzca muy pronto", aseguró en La Serena. De acuerdo con su visión, esta posibilidad fomentaría el interés por la ciencia y la tecnología. "Creo que si lográsemos enviar un astronauta, prácticamente ello se transformaría en un icono del desarrollo de la ciencia y la tecnología en todo Chile", afirma entusiasmado. Precisa que desde hace algún tiempo se trabaja en ello, a través de la NASA. Piensa que se necesita un pequeño impulso político para que Estados Unidos le otorgue la prioridad al proyecto nacional.
El debut de Astro-Chile
Quienes llevan la delantera a la hora de ligar el trabajo científico con el mundo de la industria espacial son los integrantes de la Corporación Astro-Chile. A pesar de que el nombre de la entidad puede parecer desconocido para la gran mayoría, eso se explica porque recién se constituyeron oficialmente el pasado mes. Sin embargo, tras ellos hay un silencioso trabajo que viene ejecutándose desde hace varios años, el cual conviene repasar.
El presidente de la corporación es el doctor José Luis Cárdenas, decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la USACH. El directorio también lo integran dos representantes del sector empresarial, los presidentes de las comisiones de Educación y de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados y las ministras de Educación y de Salud.
Según el coordinador de Astro-Chile, el abogado Carlos Carmona Plá, la corporación está conformada por personas muy ligadas a experimentos realizados con la NASA. Entre los socios se encuentra la doctora Silvia Sepúlveda, quien ha trabajado en conjunto con el doctor Cárdenas en los experimentos sobre el Mal de Chagas, los que pronto podrían culminar con la formulación de la primera vacuna contra esa enfermedad. Además, figura el proyecto de las "chinitas" que el año pasado viajó al espacio, iniciativa destinada a promover ese tipo de experimentos entre los jóvenes. "Ahora, estamos trabajando en otros tres proyectos que queremos poner en el transbordador y que, eventualmente, irían con nuestro primer astronauta", afirmó.